
De unos malvaviscos hechos a mano para compartir en una fogata, a una de las propuestas más singulares de Los Cabos. Esta es la historia de cómo el fuego nos fue guiando.
Chef & fundador de D'Fogata
Detrás de cada malvavisco tostado, de cada masa que fermenta sin prisa, hay una convicción: que la comida es, ante todo, un pretexto para reunir a la gente. Rafael Castro fundó D'Fogata con esa idea sencilla y terca — recuperar el ritual de la fogata, ese momento en que alguien sostiene algo sobre las brasas y lo comparte.
Lo que empezó como un puñado de sabores artesanales se convirtió, con los años, en una cocina que respeta el origen de cada ingrediente y no le teme a fusionar tradiciones. La misma mano que asaba malvaviscos hoy hornea pizzas de masa madre y cuida un matcha traído desde Shizuoka.
"El fuego no se apura. Nosotros tampoco."
El proyecto nace en Cabo San Lucas con un concepto original y artesanal: malvaviscos hechos a mano, con una variedad de sabores naturales — cocoa, piña colada, menta, fresas con crema, cardamomo con dátil — diseñados para rostizarse y disfrutarse en los tradicionales s'mores.
Muy pronto se gana el gusto local a través de entrega a domicilio y kioscos en la zona, apostando por la repostería rústica y las experiencias dulces que se comparten alrededor del fuego.
El negocio oficializa su transición de marca a D'Fogata, adoptando su nombre actual. La propuesta crece más allá de los malvaviscos y los postres: llega una barra de café de especialidad, con granos selectos y especias premium para acompañar cada creación.
El fuego deja de ser solo el que tuesta el malvavisco, y se vuelve la filosofía de toda la casa.
D'Fogata consolida su oferta integrando desayunos innovadores, panadería y alimentos salados de carácter artesanal — con sus pizzas y focaccias de masa madre al centro, y una línea especializada de crepas dulces y galettes saladas.
Hoy es una propuesta única en Los Cabos: fusiona el concepto reconfortante de la fogata —con sus malvaviscos artesanales y helados— con una cafetería fina y panadería contemporánea. El mismo fuego de siempre, con muchas más historias que contar.
Y esto apenas comienza.
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